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Por Miguel Silva Bustos

La demanda de Perú por límites marítimos, no fue un tema que solo haya interesado a unos pocos. Todo lo contrario, la ciudadanía le tomó mucha importancia, de tal magnitud, que todas las personas se enteraban a través de cadena nacional y radios. La pregunta obvia era; ¿Por qué? La verdad, es que se trataba de un tema país que nos afectaba e involucraba realmente, de manera económica, social y política. Si bien, las autoridades chilenas mantuvieron la férrea posición de declarar que no hay nada que resolver; Perú pensó distinto y alzó la voz. Esa misma voz que enmudeció su boca por más de 50 años, pero no así su pensamiento.

Para lograr entender esta disputa, es bueno recordar que, en favor de la posición chilena, estuvo bastante firme y, sobretodo, muy solida desde el punto de vista del Derecho Internacional. Tal era esa confianza, que en realidad no existía discusión sobre fuentes, pero se temía que la el “principio de equidad” iba a ser un problema.

Nuestro país, trato de mantener su férrea posición basando su argumentación en la Costumbre Internacional -elemento que Chile cumplió y cumple estrictamente con cada tratado que ha firmado-, el cual se encuentra en el Art. 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, definido como: “prueba de una práctica generalmente aceptada como derecho…”. Esto no fue más que una muestra de actitud reiterada por Perú frente a Chile y que cercioró que la disputa, en materia de límites marítimos,  estaba resuelta -incluso- antes de entrar a los alegatos: “los más de 50 años que dejó pasar desde la declaración de 1952 y 1954 para demandar a nuestro país, sin ni siquiera haber alguna sentencia judicial por parte de ambos países que dijeran lo contrario. En este último aspecto, no me refiero a una sentencia internacional, sino que a los propios tribunales de ambas naciones.

Sea extraño o no, cabe preguntarse -y más bien vale la pena hacerlo-: ¿Empezarán a cambiar los límites marítimos en el mundo?

La verdad, es que Chile tenía solidez legal garantizada, pero se vio entorpecida por el Convenio suscrito entre Perú y Ecuador para aumentar el territorio marítimo con nuevas líneas de base, comenzando en otros lugares -4.300 km2 a favor de Perú-.

Genesis

Sin embargo, para saber dónde se origina el conflicto, debemos remontarnos al 18 de agosto de 1952, época en la que se firmó la Declaración de Santiago entre los gobiernos de Chile, Perú y Ecuador que “proclaman.. la soberanía y jurisdicción exclusivas que a cada uno de ellos corresponde sobre el mar de 200 millas marinas desde las referidas costas”.

Este tratado fue el primer instrumento internacional multilateral en base a soberanía y jurisdicción de límites marítimos. Pero, antes de seguir comentando, debemos recordar -también- la Declaración del 4 de diciembre de 1954 en la ciudad de Lima, llamada “Zona Especial Fronteriza Marítima” que fue ratificada por Perú en 1955, por Ecuador en 1964 y, finalmente, por Chile en 1967. Este convenio se encuentra vigente y se señalo que fue “la reafirmación de que el límite marítimo entre los tres países era el paralelo geográfico, paralelo del punto que llega al mar la frontera terrestre”. Este paralelo -valga redundancia- se establece desde donde se proyecta la línea equistintante hasta 200 millas mar adentro, quedando de esta manera, los tres países conformes en la Declaración de Santiago sobre Zona Marítima. A esto se suma, la materialización de la frontera marítima entre Chile y Perú, conocida como “Hito 1”-

En 1986, Perú presentó reclamos e, incluso, expuso ante la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas un argumento ligado a la falta de convenio de límites, desconociendo los Tratados de 1952 y 1954, bajo la premisa de que sólo son Tratados pesqueros. Solo un genio y un artífice podría llegar a tal conclusión; Embajador Bákula.

Perú, siempre tuvo una gran preocupación para establecer rápidamente los respectivos paralelos. Sin embargo, es natural  que estimara que la tesis revisionista de Perú lo afectaba fehacientemente y de manera directa. por lo mismo, depositó en las Naciones Unidas la carta náutica que definía la frontera con expresa invocación de los tratados de 1952 y 1954.

¿Ecuador Imparcial?

Las objeciones planteadas por Perú, a través de notas diplomáticas indicaban que no había nada que resolver con Ecuador, aunque era evidente la amenaza al Tratado de Frontera Marítima que tenían.

En 2005, Ecuador, a través de su embajador Gonzalo Saavedra, en una declaración respaldó la postura Chilena, por lo que al parecer quedaba claro que ningún país realizó reservas ni mostró su disconformidad con la delimitación marítima acordada. Sin embargo, Perú ya creada poco a poco su estadía en la Haya.

Por lo tanto, este país mostró espasmos de apoyo a la posición chilena, pero que, de manera publica oficial, jamás lo hizo. Tanto con Perú como con nuestro país.

Pero, ¿Por qué firma Ecuador un tratado antes de la resolución de la demanda chilena?, ¿Se puede ser realmente ecuánime?,¿No guardaba silencio respecto a los límites marítimos? Quedará la duda permanente.

¿Por qué perdimos en la Haya?

Al tratar de analizar, tenemos que separar dos cosas totalmente distintas:

  1. Pruebas de las pescas Chilenas hasta la línea 120 millas mar adentro
  2. Tratados de Límites 1952 y 1954

¿Por qué? El temas es fácil. La Corte Internacional de Justicia no basó su decisión en las primeras fuentes normales y tradicionales del Derecho Internacional. Sino que se basó, y fue el gran problema de nuestros agentes peruanos, en base a equidad. La Corte razonó de manera no jurídica, expresando que Chile como su pesca se daba entre los 60 y 120 millas mar adentro, se tenía que quedar hasta la milla 80. ¿Fácil? Para el equipo Chileno fue un caos, porque si presentaba muchas pruebas sobre pesca, se darían cuenta que eran tratados pesqueros, pero si no lo hacían íbamos a perder un gran territorio. La equidad aquí prevaleció como un sustituto al principio de “justicia”.

¿Tenemos alguna alternativa a futuro de recuperar o revertir el fallo?

Existe un recurso de “nulidad” en la Corte Internacional de Justicia, pero habría que esperar que salgan los mismos jueces que sentenciaron en contra, y que los nuevos tengan una visión mas estricta del Derecho Internacional. Aunque esta última parte siempre me ha costado creerlo por una simple razón: El Derecho Internacional es dinámico y cambia con el tiempo, se mueve con la sociedad, pero debe ser los limites bases para la convivencia entre los Estados.

 

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