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Es admirable cómo nos hemos volcado como Sociedad a valorizar la libertad de expresión ante los horribles y absolutamente reprochables actos producidos en Francia. Pero hay que tener a la vista un aspecto que no es menor, la absolutización del Derecho a la libertad de expresión. Sobre ello habrá que distinguir que una cosa es emitir opinión, recibir y comunicar información de manera libre, y otra diversa es atentar contra la dignidad de individuos, una institución o creencia. Es evidente la desproporción en el actuar de quienes cometieron la masacre, pero –sin justificarlos- siguiendo el camino de la libertad de expresión ¿acaso quienes atentaron contra Charlie Hebdo no ejercieron su derecho libre de expresarse? Cabrá señalar que el Pacto de Derechos Civiles y Políticos en su artículo 19 el derecho en cuestión se podrá ejercer “ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección” bajo esa premisa pareciera ser que quienes atentaron lisa y llanamente consideraron que el procedimiento para manifestarse era atentar contra el semanario. Si absolutizamos y le damos un carácter tan expansivo a la Libertad de expresión corremos el riesgo seguro de encontrarnos ante situaciones tan paradójicas como las que expreso en estas líneas.

Pareciera, entonces, ser necesario un límite al ejercicio de éste Derecho, a diferencia de quienes expresan que la libertad de expresión es absoluta, y por consiguiente lo suficientemente extensiva para tutelar incluso agravios a la dignidad de los individuos, como si no existiesen otros Derechos tutelados como lo sería el derecho a la dignidad y respeto del individuo, a la no discriminación arbitraria. Incluso la libertad de expresión en cualquiera de sus manifestaciones puede colisionar consigo misma en el ejercicio que de él pueden hacer otras personas (límite intrínseco). Por su parte y como demostración positiva de que los límites a este principio son necesarios encontramos nuevamente en el Pacto de Derechos Civiles y Políticos en su artículo 20 y el Pacto de San José de Costa Rica en su artículo 13 referencia a la prohibición de la propaganda que propugne la guerra, apología al odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia. Dejando de manifiesto que para que exista libertad, también debe haber respeto.

 

Roberto Opazo Barrientos
Roberto Opazo Barrientos; Egresado de Derecho de la Universidad Central de Chile; Director de Revista digital Nuevo Derecho; Director de Departamento de Derecho Económico en Nuevo Derecho; Director académico y co-fundador de "Espacio Central"; Coordinador General de Juventud de Partido Ciudadanos. Contacto: ropazo@nuevoderecho.cl

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