El Estado en Decadencia

Elio Segovia Olave

“Todos los Estados, todos los dominios que han tenido y tienen soberanía sobre los hombres, han sido y son repúblicas o principados”; con la citada máxima, es que uno de los teóricos políticos más destacados de todos los tiempos hace una clasificación de los Estados, Maquiavelo, al comenzar su obra maestra, el Príncipe, aborda el tema de la soberanía que en sus términos después vendrá a desarrollar; en sí, entender la soberanía sobre el pensamiento de Maquievelo, implica razonar desde lo que es el poder, en efecto, la soberanía implica el ejercicio del poder, y en aquel rigor puedo formular la siguiente sentencia: quien ejerce poder actúa soberanamente, quien no ejerce poder, carece de soberanía; de esto tenemos como primera reflexión que la soberanía además de ser algo predicable a los Estados, es una cosa que se encuentra intrínsecamente ligado a la noción de poder, de tal forma que son casi sinónimos. Siguiendo en este marco teórico, vale aquí traer a colación una cita a otro destacado politólogo, en este caso la frase “el soberano es quien decide sobre la excepción”, del jurista de Estado alemán Carl Schmitt, es la idea con que cerraremos el círculo teorético para formular nuestra opinión central, al efecto, de ello podemos decir que la excepción es lo que se opone a la normalidad, a la eficacia de las normas jurídicas, una situación de excepción se da en la medida que no rigen las leyes ni el derecho, allí los sujetos imperados despliegan conductas no deseadas por el derecho, y aun sin recibir consecuencia jurídica alguna para ellos.
De los conceptos expuestos en estas exiguas líneas, Estado, soberanía, poder, derecho; puedo preguntarme ¿estos tendrían una importancia para el Chile actual? En principio una respuesta negativa parece acomodarse a la realidad nacional, toda vez que hoy no resulta visible a nivel particular la actuación del Estado, además, el gobierno y la legislación ceden ante las presiones de grupos lobbystas -quienes parecen ser los reales detentadores del poder-, grandes empresas multinacionales se niegan a cumplir las sentencias del poder judicial, existe un gran descontento con la actuación de los poderes del Estado, primando una percepción de injusticia social, descontento y desigualdad, así como ocurre también las mismas personas que se ven víctimas de un delito, optan por tomar la justicia en sus propias manos, practicando linchamientos contra sus agresores; por estas y muchas razones parece que poco importa el Estado y las funciones públicas, las que por ello se encontrarían en franca decadencia, pero aun con este escenario existimos, aun se acude a esta cosa pública, y se demanda en los tribunales, se hacen peticiones a la autoridad, y se participa de las elecciones, entre otras, por lo que nuevamente parecen de sin importancia las instituciones del Estado, y su correcto funcionamiento, o más bien parecen de importancia secundaria.
Aun con el pesar de todo lo anterior, pretendo en este espacio enlazar un mal augurio a la decadencia de la cosa pública, de esta forma señalando que si tienen una verdadera importancia los asuntos de la comunidad toda, con ello su mismo declive, y por cierto que este puede desembocar en algo peor; ante lo señalado, diré que la historia de la humanidad está repleta de contradicciones, hechos y acontecimientos que son causados por otros sucesivos y anteriores, y que a la vez generaron los estadios más actuales; causa y efecto hay en la historia del hombre, por ello puedo decir que este declive de los asuntos públicos es el evidente paso previo de un escenario peor. No solo nuestra América románica está repleta de estos ejemplos, pues la humanidad entera se encuentra plagada de decadentes antesalas de la destrucción, hoy en día mucho se habla de Venezuela, de Cuba, de Bolivia, de Argentina, en el sentido de que cierta facción de los políticos que hay en este país, con mucha frecuencia le reprochan a sus contradictores que quieren hacer de Chile lo mismo que hay en los susodichos -un Estado centralizador de la economía y la política, que con perspicaces y sutiles formulas jurídicas minimizan la oposición, acompañado por escasez de bienes, corrupción y delincuencia-, sin embargo podemos formular el ejemplo de estos mismos países, en la medida que son el camino que no debemos seguir, así refiriéndonos a lo que fue aquello que los llevó a estos deplorables estados de decadencia, en efecto, y sin la necesidad de recurrir a mayores antecedentes, ya es sabido que Venezuela antes de la llegada de Hugo Chavez al poder existía una clase política oligárquica, que había permanecido por muchos años en el poder, actuaba en forma nepótica y corrupta, al tiempo que descuidaba asuntos internos que ya se venían perfilando como graves problemas sociales, la delincuencia, la violencia y el narcotráfico, los que se erigieron en un triste flagelo para la sociedad, la que además veía como la desigualdad se acrecentaba, enriqueciéndose los que ya eran dueños del capital y también del mismo Estado. ¿Esto en qué terminó? En lo que ya bien sabemos por mediante la prensa, una dictadura que lleva más de 10 años en el poder, y que el partido oficial controla todas las instituciones públicas, si es peor esto que lo anterior, no es posible afirmar con certeza y rigor científico, pero para efectos de continuar el dialogo, diremos que de todas maneras esta dictadura venezolana chavista es mucho peor que su antesala de decadencia; por lo mismo, tampoco es menester recurrir a un consenso más amplio para rechazar este tipo regímenes neodictatoriales, los antecedentes de los mismos los hacen rechazables por una mediana inteligencia, así manifestar lo poco adecuado que sería para Chile la imposición de algo de esta índole, es una expresión bastante ligera y algo sujeta a la corrección política, pero que de por si trae la carga del ánimo de resguardar el Estado de derecho, y a la comunidad en sí.
La decadencia que actualmente vivimos, ya señalamos no se encuentra el nivel de estas dictaduras, pero también dejamos en claro que son su antesala, por ende, decir que vamos para allá no es nada exagerado, aun de todas maneras tampoco lo es, el deseo del escribiente de revertir esta situación, y resguardar así nuestra existencia, nuestra Nación y nuestro Estado; finalmente que podemos hacer para detener esta situación, creo en principio identificar los problemas, eso es lo primero, así mencionar la corrupción de los funcionarios públicos, particularmente los últimos casos Caval y Penta, la prácticas delictuales del empresariado, recordemos aquí el caso La Polar y las colusiones, la existencia de una desigualdad social latente y profunda, en que un reducido grupo de personas son dueñas de grandes riquezas, y por otro lado una gran mayoría tiene bajos ingresos, recibe pensiones de jubilación miserables y sueldos paupérrimos, además de ver los bienes afectos a una inflación desproporcionada a su patrimonio, la baja actitud de la justicia a sancionar el crimen y que lleva a que la gente desconfíe de ellos, su sistema y tome la vindicación del delito en su propio accionar; el paso a seguir creo yo, es tomar las cartas en el asunto, y ante todo concluir con la hipocresía de la clase política, y que los corruptos dejen no solo el doble discurso, si no que se vayan y sean sancionados de una vez por todos, ya que ellos son la principal causa de esta decadencia, y asimismo le prestan espacio a los demagogos, que plantean en serio estos regímenes que representan la culminación y síntesis del camino de la perdición, por último, la solución aquí es que actué el Estado, que los empresarios con sus prácticas delictuales y colusiones, sean investigados y sancionados por las autoridades competentes, así como debieran hacer respecto de todos los delitos a que se dan, pues en la medida que esto no ocurre, el Estado está dejando de ejercer poder, o sea, está perdiendo su soberanía, ante distintos grupos que ante el mismo si tienen una cuota de poder, sean estos empresarios, o delincuentes comunes.

Elio Segovia Olave

Elio Segovia Olave

Abogado, Lc. en Ciencias Jurídicas mención Derecho regulatorio, Universidad Arturo Prat, Iquique, estudiante de Magister en Dercho en la Pontificia Universidad Católica de Chile, integrante del Colegio de Abogados de Chile A.G., y autor de publicaciones en revistas especializadas. Correo electrónico: esegovia@nuevoderecho.cl. Twitter: @eliosegoviao

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