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Por Roberto Opazo Barrientos. Egresado de la Universidad Central de Chile y director de Nuevo Derecho.

Nuestra Constitución en su artículo 19, número cuatro, asegura a todas las personas “el respeto y protección a la vida privada y pública y a la honra de la persona y de su familia”. El siguiente inciso del mismo precepto 19, número cuatro, se refiere al honor o la honra, que son dos perspectivas diferentes de un mismo derecho. Por otro lado, el mismo artículo 19, pero en el numeral quinto, versa sobre la vida privada cuando dice asegurar “la inviolabilidad del hogar y de toda forma de comunicación privada. El hogar sólo puede allanarse y las comunicaciones y documentos privados interceptarse, abrirse o registrarse en los casos y formas determinados por la ley”. Sin querer entrar en una profundización normativa constitucional de los preceptos recién mencionados, me limitaré a expresar algo que resulta obvio de la simple lectura: Constitucionalmente, cada uno de nosotros se encuentra protegido en cuanto al respeto de nuestra vida privada y pública, que en definitiva trasciende en la honra personal y en el de la familia.

A mitad de la semana pasada, en plena sesión de la Cámara de Diputados, el congresista por el PPD, Guillermo Ceroni, fue fotografiado manteniendo conversaciones vía Whatsapp en su teléfono móvil. Ello, en principio, podría ser cuestionable considerando que se encontraba en pleno hemiciclo de la Cámara Baja. Las fotografías en cuestión muestran claramente, no tan sólo al congresista manobriando su teléfono celular, sino que además el contenido de las conversaciones que éste sostenía con tres hombres -al menos-, las que tenían un carácter sexual, situación que no debería ser susceptible de adjetivización alguna en una sociedad que va en franca apertura al reconocimiento de todas las personas, sin importar su condición, raza, edad, género, orientación sexual, entre otros. No obstante ello, las fotografías fueron publicadas por Agencia Uno lo cual causó polémica, puesto que se quería expresar que el Diputado Ceroni estaba atendiendo otros asuntos en vez de concentrarse en el hemiciclo, pero la forma en que se hizo esa publicación fue –pensando en que no hubo intención de ventilar la orientación sexual del congresista- errónea, ya que se publicó el contenido de la conversación. Independientemente de la intención al sacar las fotografías y al publicarlas, el congresista fue vulnerado en su Derecho a la Privacidad -en la opinión de este autor-, aunque algunos resisten dicha postura toda vez que consideran que desde donde se fotografió el dispositivo móvil es un recinto público, situación que resulta intrascendente ya que el contenido del celular, sea de quien sea, se encuentra dentro de la esfera de la privacidad de las personas, más aún si se considera que se trata de conversaciones. Asimismo, se ha postulado que la calidad de honorable de Ceroni lo obliga a mantener en resguardo implacable de su privacidad, como si estuviese susceptible más que otra persona a que le vulneraran este Derecho, lo cual parece razonable en principio debido a su posicionamiento publico, pero dicha tesis se derrumba cuando se entiende que existe una carga sobre todos nosotros -los individuos de la Sociedad- que consiste en el respeto que todos debemos tener de dichas garantías fundamentales, es decir, que todos estamos llamados a respetar entre nosotros los derechos fundamentales. Además esta garantía no acentúa más su protección en unas personas que en otras. Por lo anteriormente expuesto e indudablemente concluimos que Ceroni es objeto de una vulneración al Derecho a la privacidad, específicamente el referido con la inviolabilidad de toda forma de comunicación privada, la cual sólo podría verse afectada en casos específicamente exceptuados, por ejemplo al estar frente a un delito, situación que no ocurre. Por tanto, normativamente queda del todo clara la falta en que incurren los responsables de la toma de fotografía y posterior publicación.

Ante la situación sensible que vivió el Diputado, el Congreso se cuadró con él repudiando el hecho ya que el representante del PPD no tan sólo fue expuesto a una situación sumamente complicada con la exposición pública de una conversación privada, sino que además debió reconocer su orientación sexual ante su familia y ante todo su círculo y en general ante todos nosotros, situación que es autónoma a la opinión que cada uno tenga al respecto, toda vez que en la globalidad Ceroni se ve resignado a reconocer la situación íntima, contra su voluntad. Y es acá en donde me detengo, preguntandome: Ante la realidad personal e íntima de cada persona ¿dónde queda el criterio para inmiscuirse en la vida de otro? Y más aun ¿hacer públicos esos contenidos? A primera vista, pareciera que no es necesario saber que existe una norma constitucional para saber que el futuro y disposición de cualquier aspecto personal corresponde –exclusivamente-a la persona propiamente tal. Hay una falta de criterio al exponer al escarnio público de esa manera, y contra voluntad a cualquier persona.

La lamentable situación vivida por el Diputado Ceroni, nos hace reflexionar respecto a lo expuesto a que estamos todos a la vulneración de información privada, pero también a lo cuidadosos que debemos ser al manejar nuestra información, pero tampoco convertirnos en una Sociedad que deba vivir resguardándose de la vulneración de Derechos, sino que vivir respetando los Derechos, entendiendo que mi Derecho termina en donde comienza el del otro. Comprendiendo todo lo anterior, podemos colegir que la introducción a esta columna está demás, porque no necesitamos saber que existe una norma de rango constitucional para comprender que entrometerse en la vida privada, independiente de la calidad que revista no es un acto que tenga lugar dentro de una Sociedad respetuosa, libre y criteriosa, mucho menos si dicha intromisión es seguida por la publicación de contenido resultante.

A la Sociedad la regula, también, principios supranormativos.

Roberto Opazo Barrientos
Roberto Opazo Barrientos; Egresado de Derecho de la Universidad Central de Chile; Director de Revista digital Nuevo Derecho; Director de Departamento de Derecho Económico en Nuevo Derecho; Director académico y co-fundador de "Espacio Central"; Coordinador General de Juventud de Partido Ciudadanos. Contacto: ropazo@nuevoderecho.cl

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